Historia
17 agosto 2026
PMA: anticipando desastres en la Cuenca del Cuyaguateje
Por años, Ivania Barrios ha visto cómo cambia el clima en los campos del municipio Minas de Matahambre. Ingeniera de la Cooperativa de Créditos y Servicios Nicolás Torres, con más de dos décadas de experiencia, sabe que producir alimentos en una zona expuesta a sequías, inundaciones y otros eventos extremos exige cada vez más conocimiento, organización y capacidad de anticipación.“Recientemente sufrimos una intensa sequía”, cuenta. Las fuentes de abasto se secan, las producciones disminuyen y la economía de la cooperativa se resiente. Ante ese escenario, dice, no basta con esperar a que lleguen mejores condiciones: “Tenemos que trabajar con inteligencia”, buscar cultivos de ciclo corto, aplicar prácticas agroecológicas y trasladar nuevos conocimientos a los campesinos para continuar produciendo alimentos diversos.Esa misma realidad se repite en otras fincas de la cuenca del río Cuyaguateje, en Pinar del Río, una de las zonas más relevantes de Cuba por sus características socioeconómicas, ambientales, históricas y culturales. En Guane, Rolando Díaz Cala, productor de la Cooperativa de Créditos y Servicios José Martí, resume los principales desafíos de su finca en dos palabras: inundaciones y sequías.Cuando crece el Cuyaguateje, explica, el agua puede cubrir casi toda el área productiva. Para reducir pérdidas, han aprendido a no sembrar en las zonas más expuestas y a rotar cultivos. Frente a la sequía, han recurrido a pozos artesanales y al uso del agua de ríos cercanos para regar por gravedad cultivos como el arroz.Para Damiseli Saumel, productora de la finca José Martí, el mayor obstáculo también está asociado al agua. Trabaja la tierra junto a su esposo y afirma que “las mujeres sí podemos trabajar y vivir de la agricultura.”Su aspiración es producir más, contar con mejores condiciones de riego y llevar alimentos a espacios comunitarios como círculos infantiles y casas de abuelos.“Queríamos tener algo así, que nos ayudara a desarrollarnos, que nos abriera una puerta, porque tierra hay y también deseos de trabajarla”, reconoce Damiseli.Un proyecto para actuar antes de que ocurran los desastresEsa puerta comienza a abrirse con el comienzo del proyecto “Fortalecimiento de la Infraestructura de Datos Espaciales - Reducción de Riesgo de Desastres en la Cuenca del Cuyaguateje”, impulsado por WFP Cuba con financiamiento de la Dirección General de Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (DG ECHO), en el marco de su apoyo a la preparación y respuesta humanitaria en Cuba. La iniciativa se implementa por primera vez en la cuenca del Cuyaguateje debido a la alta exposición de esta provincia a eventos extremos. Las acciones iniciales se concentran en los municipios de Minas de Matahambre y Guane, concebidos como territorio piloto con potencial de escalado hacia otras provincias del país.El punto de partida del proyecto es fortalecer la Infraestructura de Datos Espaciales para la Reducción del Riesgo de Desastres (IDE- RRD). Dicho de forma simple: integrar información geográfica, meteorológica, hidrológica, social, productiva y otras de interés para comprender mejor los riesgos, anticipar posibles impactos y tomar decisiones más rápidas y precisas antes, durante y después de una emergencia.El proyecto incorpora metodologías del Sistema Avanzado de Monitoreo de Desastres y Análisis de Riesgo (ADAM, por sus siglas en inglés) con enfoque multiamenaza y tiene un referente en la región Caribe a partir del desarrollo del Sistema ANACAONA en República Dominicana. Su objetivo es ayudar a identificar vulnerabilidades de la producción local de alimentos ante eventos extremos y fortalecer los sistemas de preparación y respuesta mediante el análisis espacial multisectorial.La mirada de WFP Cuba desde la preparación ante emergenciasPara WFP Cuba, el valor de esta iniciativa está en conectar el conocimiento local de los productores con herramientas técnicas que permitan anticiparse mejor a los riesgos.“Este proyecto busca que la información llegue a tiempo y sea útil para tomar decisiones concretas en los territorios. Desde WFP Cuba acompañamos este proceso porque la preparación ante emergencias no empieza cuando ocurre un evento extremo, sino mucho antes: cuando se identifican los peligros, se fortalecen los sistemas de alerta temprana y se trabaja junto a las instituciones y las comunidades para proteger la producción de alimentos y los medios de vida”, señaló Yoany Sánchez, Oficial nacional de Preparación y Respuesta ante Emergencias de WFP Cuba.La iniciativa se alinea con el Marco de Acción Anticipatoria, que promueve actuar antes de que los eventos extremos se conviertan en crisis. En un territorio como la cuenca del Cuyaguateje, donde las sequías prolongadas y las inundaciones pueden afectar directamente los cultivos, anticiparse puede marcar la diferencia entre perder una cosecha o protegerla.Instituciones cubanas fortalecen capacidades para tomar mejores decisionesPara el Dr. Celso Pazos Alberdi, director general del Instituto de Meteorología de Cuba, uno de los principales valores del proyecto es el vínculo directo con productores de Guane y Minas de Matahambre. Sus vivencias, experiencias y necesidades permiten entender con mayor claridad cómo las tormentas tropicales, huracanes, lluvias intensas, inundaciones y crecidas del Cuyaguateje afectan las áreas productivas. El Instituto de Meteorología espera aportar al proyecto su experiencia científica y operativa en vigilancia meteorológica, y al mismo tiempo fortalecer sus sistemas de alerta temprana. Esto incluye mejorar la vigilancia desde estaciones meteorológicas como las de Isabel Rubio y Santa Lucía, y acercar más información meteorológica, climática y agrometeorológica a los productores para apoyar la toma de decisiones a nivel local.“Poder llegar de manera directa a los productores con estos servicios meteorológicos, climáticos y agrometeorológicos” será clave, explicó Pazos, para que la información disponible se traduzca en decisiones concretas en los territorios.Desde el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Argelio Fernández Richelme, director de Hidrología e Hidrogeología, destaca otro elemento esencial: el enfoque de abajo hacia arriba. Para él, el proyecto no parte solo de lo que las instituciones pueden llevar a las comunidades, sino también de lo que pueden aprender de ellas. “Ellos son los que saben cómo se les puede ayudar”, afirma al referirse a los productores. "WFP es un socio de primera mano con el que siempre hemos trabajado y en los últimos años se ha ido fortaleciendo esta asociación", asegura Fernández Richelme.Datos geoespaciales para proteger producción, comunidades y servicios socialesLa dimensión técnica del proyecto se refuerza con el apoyo de la Unidad Geoespacial de WFP y el equipo de preparación y respuesta a emergencias de WFP República Dominicana. Entre los próximos pasos definidos figuran capacitaciones estratégicas, fortalecimiento de tecnologías de información y respaldo energético sostenible para sistemas de vigilancia y alerta temprana, integración de datos multisectoriales, creación de un grupo técnico con instituciones que producen datos geoespaciales y simulaciones locales de inundaciones y huracanes en Guane y Minas de Matahambre.Jorge Martínez Gómez, desarrollador de Sistemas de Información Geoespacial de WFP en Roma, explica que un reciente viaje de trabajo a Cuba le ayudó a recopilar información sobre los datos, infraestructuras y sistemas de visualización existentes en instituciones cubanas. El propósito es mejorar la coordinación y la gestión de riesgos asociados a eventos como huracanes, tormentas tropicales, inundaciones o terremotos.La infraestructura de datos espaciales, señala, permite tomar decisiones con mayor rapidez. Al automatizar la recolección y el análisis de información, se pueden establecer escenarios, identificar zonas expuestas y preparar una respuesta más oportuna ante un evento extremo.La experiencia de República Dominicana también aporta aprendizajes al proceso en Cuba. Melanie Benoit, gerente de la Unidad Programática en Gestión de Riesgo de Desastres y Cambio Climático de WFP en ese país, compartió la experiencia de ANACAONA, una plataforma automatizada que realiza análisis operacionales para anticipar pronósticos de lluvia, huracanes y tormentas.La herramienta integra información gubernamental sobre población expuesta, vulnerabilidad ante choques climáticos e índice de calidad de vida. Para Benoit, Cuba y República Dominicana comparten amenazas y vulnerabilidades similares, por lo que la cooperación entre ambos contextos puede generar aprendizajes útiles.El apoyo de WFP a la preparación y respuesta humanitaria en CubaEl apoyo de WFP a esta iniciativa se inserta en una trayectoria más amplia de acompañamiento a Cuba en preparación y respuesta ante emergencias, fortalecimiento de sistemas alimentarios locales y protección social. En este caso, su contribución combina experiencia nacional e internacional, herramientas de gestión de datos, análisis de riesgo, modelación y acción anticipatoria.Para los productores, significa contar con mejores herramientas para proteger sus cultivos, sus medios de vida y su capacidad de aportar alimentos a comunidades e instituciones sociales.Para las contrapartes gubernamentales cubanas, el proyecto permitirá mejorar capacidades técnicas, actualizar información clave para la gestión de riesgos, fortalecer mapas y plataformas de datos, y acercar la ciencia a las decisiones locales.El proyecto llega, además, en un momento estratégico: como parte de las acciones de preparación ante la temporada ciclónica 2026 y en continuidad con el trabajo desarrollado por WFP y sus socios en Cuba, incluido el apoyo a la respuesta ante el huracán Melissa en 2025.Proteger la seguridad alimentaria empieza antes de la emergenciaEn la cuenca del Cuyaguateje, donde el agua puede faltar durante meses o llegar de golpe con la crecida del río, anticiparse puede marcar la diferencia entre perder una cosecha o tomar acción para minimizar las pérdidas; entre reaccionar tarde o preparar mejor la respuesta; entre mirar los desastres como eventos inevitables o construir, paso a paso, una forma más segura y resiliente de producir alimentos. Para Ivania, Rolando y Damiseli, el proyecto no es solo una plataforma de datos ni un ejercicio técnico. Es una oportunidad para seguir trabajando la tierra con más información, mejores herramientas y mayor capacidad de adaptación.Porque en esas fincas de Pinar del Río, proteger la seguridad alimentaria empieza mucho antes de que llegue un huracán o se prolongue una sequía. Empieza escuchando a quienes producen, conectando saberes locales con ciencia y datos, y actuando antes de que los riesgos se conviertan en pérdidas.